jueves, 3 de enero de 2013

Decálogo para el Catequista


Decálogo para el Catequista 


I. Cuidar mi vocación de catequista con la oración y la formación permanente. 

II. Estudiar y amar la Palabra de Dios como fuente principal de la catequesis. 

III. Crecer en el amor a Cristo, a la Iglesia y a cada hermano.

IV. Desarrollar mi vida espiritual con la vivencia de los sacramentos y la participación activa a favor de la comunidad cristiana. 

V. Dar testimonio de Cristo en toda circunstancia. 

VI. Trabajar en común unión con los sacerdotes y mis hermanos en la fe. 

VII. Preparar con seriedad y creatividad todos los encuentros catequísticos. 

VIII. Participar con entusiasmo en los encuentros de formación, de oración y de programación de las catequesis. 

IX. Servir con humildad y respeto, confiando más en la acción del Espíritu Santo que en mis méritos. 

X. Revisar y purificar mis motivaciones para evitar la rutina y la autosuficiencia.

Y DIOS CREO A LOS CATEQUISTAS.

Y DIOS CREO A LOS CATEQUISTAS...
(Oración reflexión para comenzar una reunión...)
Cuando Dios creó el mundo, un día antes de darlo por terminado, Dios encomendó a sus ángeles la tarea de recorrer de nuevo el mundo y ver si faltaba algo por hacer. Un ángel llamado Juan, le contestó: “Señor, mil veces nos has enviado a ver si faltaba algo, ya te hemos dicho que todo quedó muy bien.” Y Dios se fue a dormir.

A la mañana siguiente, Dios madrugó más de lo normal, y aún en pijama se asomó a la ventana y vio que el hombre estaba talando bosques, matando focas, robando a sus empleados, e inventando armas para pelear por el petróleo, antes aún de descubrirlo. Dios mandó a sus ángeles bajar a la tierra a indagar que había hecho mal y corregirlo.

Muchos días después, los ángeles subieron a Su presencia.

Señor, te tenemos que dar una mal noticia. Toda tu obra ha quedado perfecta salvo una cosa: el corazón del hombre se rasga con cada palabra que pronuncian otros hombres, y en cada grieta se cuelan unos sentimientos extraños que Tú no creaste y que el hombre mismo les ha puesto nombre: odio, celos, rencores, ambición...”

“Nosotros hemos cerrado sus heridas con Tus palabras y con Tus sentimientos, pero no basta con cerrarlas una vez; se vuelven a abrir continuamente, el corazón del hombre te ha quedado algo olvidadizo y frágil. Habría que estar todo el día a su lado.”

Un ángel propuso: “Sólo cabe una solución, has de destruirlo y volverlo a crear de nuevo, mejorando su corazón; el de los elefantes te quedó muy bien, podrías copiárselo.”

Dios contestó: “No sería mala idea si no les hubiese cogido ya tanto cariño, y hasta tengo escogido de entre ellos algunos para grandes misiones. Creo que es mejor solución la que dijiste antes: que haya ángeles en medio de ellos, constantemente cerca, para cerrar sus heridas y sanarles el corazón y para hablarles de mi y de nuestro proyecto común, a todas horas, en toda ocasión, a tiempo y a destiempo. Id todos, ¡Quedáis sin trabajo en el cielo! Yo mismo iré también el próximo 25 de diciembre...!
  
Y ASÍ FUE COMO DIOS CREO A LOS CATEQUISTAS... 
NATALIO SALUDES, OFM.