sábado, 30 de abril de 2011

SAN JOSE OBRERO 1°-MAYO

Fiesta instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que —como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro — «el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias». — Fiesta: 1 de mayo.

San José, descendiente de reyes, entre los que se cuenta David, el más famoso y popular de los héroes de Israel, pertenece también a otra dinastía, que permaneciendo a través de los siglos, se extiende por todo el mundo. Es la de aquellos hombres que con su trabajo manual van haciendo realidad lo que antes era sólo pura idea, y de los que el cuerpo social no puede prescindir en absoluto. Pues si bien es cierto que a la sociedad le son necesarios los intelectuales para idear, no lo es menos que, para realizar, le son del todo imprescindibles los obreros. De lo contrario, ¿cómo podría disfrutar la colectividad del bienestar, si le faltasen manos para ejecutar lo que la cabeza ha pensado? Y los obreros son estas manos que, aun a través de servicios humildes, influyen grandemente en el desarrollo de la vida social. Indudablemente que José también dejaría sentir, en la vida de su pequeña ciudad, la benéfica influencia social de su trabajo.

Sólo Nazaret —la ciudad humilde y desacreditada, hasta el punto que la gente se preguntaba: «¿De Nazaret puede salir alguna cosa buena?»— es la que podría explicarnos toda la trascendencia de la labor desarrollada por José en su pequeño taller de carpintero, mientras Jesús, a su lado, «crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres».
En efecto, allí, en aquel pequeño poblado situado en las últimas estribaciones de los montes de Galilea, residió aquella familia excelsa, cuando pasado ya el peligro había podido volver de su destierro en Egipto. Y allí es donde José, viviendo en parte en un taller de carpintero y en parte en una casita semiexcavada en la ladera del monte, desarrolla su función de cabeza de familia. Como todo obrero, debe mantener a los suyos con el trabajo de sus manos: toda su fortuna está radicada en su brazo, y la reputación de que goza está integrada por su probidad ejemplar y por el prestigio alcanzado en el ejercicio de su oficio.

Es este oficio el que le hace ocupar un lugar imprescindible en el pueblo, y a través del mismo influye en la vida de aquella pequeña comunidad. Todos le conocen y a él deben acudir cuando necesitan que la madera sea transformada en objetos útiles para sus necesidades. Seguramente que su vida no sería fácil; las herramientas, con toda su tosquedad primitiva, exigirían de José una destreza capaz de superar todas las deficiencias de medios técnicos; sus manos encallecidas estarían acostumbradas al trabajo rudo y a los golpes, imposibles de evitar a veces. Habiendo de alternar constantemente con la gente por quien trabajaba, tendría un trato sencillo, asequible para todos. Su taller se nos antoja que debía de ser un punto de reunión para los hombres —al menos algunos— de Nazaret, que al terminar la jornada se encontrarían allí para charlar de sus cosas.

José, el varón justo, está totalmente compenetrado con sus conciudadanos. Éstos aprecian, en su justo valor, a aquel carpintero sencillo y eficiente. Aun después de muerto, cuando Jesús ya se ha lanzado a predicar la Buena Nueva, le recordarán con afecto: «¿Acaso no es éste el hijo de José, el carpintero?», se preguntaban los que habían oído a Jesús, maravillados de su sabiduría. Y, efectivamente, era el mismo Jesús; pero José ya no estaba allí. Él ya había cumplido su misión, dando al mundo su testimonio de buen obrero. Por eso la Iglesia ha querido ofrecer a todos los obreros este espectáculo de santidad, proclamándole solemnemente Patrón de los mismos, para que en adelante el casto esposo de María, el trabajador humilde, silencioso y justo de Nazaret, sea para todos los obreros del mundo, especial protector ante Dios, y escudo para tutela y defensa en las penalidades y en los riesgos del trabajo.


viernes, 29 de abril de 2011

IMAGENES JUAN PABLO II











BEATIFICACION

¿Qué significa ser Beatificado/canonizado?
Para muchos, aún en la Iglesia, la práctica Católica de beatificar y canonizar es un enigma. ¿Por qué lo hace la Iglesia? ¿Cómo lo hace la Iglesia? ¿Qué significa ser canonizado, o como en el caso de Padre Pío, beatificado?

Historia General.
Primero, debe notarse que de acuerdo al testimonio de la Sagrada Escritura cada cristiano es un santo. El Nuevo Testamento Griego habla en muchos lugares del hagios (Hch. 9, 32; Rm. 15, 25-31;Ef.1,1; Col. 1, 2; Judas 1, 3 y otros). La Vulgata Latina habla del sancti, que es interpretada en algunas traducciones como los santos y en otros como los benditos. Como San Pedro le dice a los cristianos, "vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz". Los santos son ungidos por Dios a través del Bautismo, llenos de su vida Divina (el Reino de Dios dentro de nosotros), y llamados a anunciar la presencia de este Reino en el mundo a toda la raza humana. Así es que en el uso de las Escrituras todos aquellos bautizados en Cristo y en el estado de gracia se pueden llamar con razón santos.

En otro sentido, más estricto y más técnico, los santos son aquellos en quienes no solo ha comenzado la victoria de Cristo sobre el pecado, el demonio y la muerte, como en nosotros, sino que ha sido culminada. Este es el caso cuando la vida mundana terrenal se termina y la vida de santidad es alcanzada en nuestro peregrinar hacia el cielo. Aún cuando se afirma que nadie es bueno, sólo Dios (Mt. 19, 17), Cristo nos llamó a la perfección en bondad, de santidad, "sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt. 5, 48 y 19, 21; Col. 4, 12; Santiago 1,4), ya que nada imperfecto entrará al cielo (Apoc. 21, 27).

La Iglesia inicialmente entendía que sólo el Cristiano que seguía a Cristo perfectamente entraría inmediatamente en la Jerusalén celestial. Otros entrarían en el fuego purificador del purgatorio "para ser perfeccionados," de donde no saldrían hasta que "no hayas pagado el último céntimo" (Mt. 5, 26; 1 Cor. 3, 13-15). Como la perfección era unirse a Cristo en su muerte, un efecto comenzó a desarrollarse; al mártir (testigo que moría por Cristo) se le percibía como aquel que alcanzaba esta meta. De esta manera, durante la edad de la persecución (desde Pentecostés hasta 311 AD) la estima hacia aquellos Cristianos que fueron asesinados por el odio a la fe (in odium fidei) llevó a la gente a ensalzar su ejemplo de testimonio heroico por Cristo, guardando y preservando sus reliquias (los trofeos de victoria sobre la muerte) y celebrando el aniversario de su nacimiento a la vida eterna. La Carta Circular de la Iglesia de Esmirna sobre el Martirio de San Policarpo (155 AD) muestra este efecto perfectamente.

Por lo menos hemos recogido sus huesos, que significan más para nosotros que piedras preciosas y son más puras que el oro, y las colocaron en el lugar más adecuado para su descanso. Y si nos es posible reunirnos de nuevo, que Dios nos permita celebrar el día de su martirio con gozo, para recordar a aquellos que lucharon en un combate glorioso, y enseñar y fortalecer por medio de su ejemplo a nuestras próximas generaciones.

Finalmente, el mayor tributo de honor que se le podía dar a un mártir era mencionar su nombre en el Canon (Oración Eucarística) de la Misa, acompañando al Señor en Su Sacrificio Redentor. Esto se llevaba a cabo el día de su fiesta, el día en el que entraron a la vida eterna. El Canon Romano (Oración Eucarística 1) retiene el testimonio elocuente de la Iglesia Romana para la Madre del Señor, para los apóstoles, y para muchos de los mártires importantes de Roma y de Italia.

"En unión con la toda la Iglesia…honramos a María…Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Judas; Honramos a Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián." (Communicates)

"Por nosotros también, te pedimos nos consideres en empatía de tus apóstoles y mártires, con Juan el Bautista, Esteban, Matías, Barnabas, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Ágata, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y todos los santos." (Nobis quoque peccatoribus)

Así, en los primeros siglos de la Iglesia, la aclamación popular de santidad a los mártires, la veneración de sus reliquias, la honra de sus nombres en oraciones privadas y litúrgicas (con el consentimiento del obispo local), canonizó testigos importantes de Cristo en la Iglesia Universal y local, como ejemplos de la perfecta fidelidad a la que todos los cristianos estamos llamados.

Aunque la edad de mártires nunca terminó, la paz relativa que existió después del Edicto de Milán en 311 significaba que el martirio era un ejemplo más raro de perfección de lo que había sido. La Iglesia comenzó a buscar otros modelos de santidad, otras maneras por medio de las cuales la unión con Cristo pudiese ser testigo a los fieles y al mundo como el vivir diariamente una vida Cristiana en la que se muera al propio yo y se entregue la vida a Cristo. Este testimonio fue encontrado en aquellos cuyo martirio blanco de virtudes heroicas confesaba al mundo el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la gracia sobre el pecado, del nuevo hombre sobre el viejo (Ef. 4, 17-24), y así de Cristo sobre Satanás. Por consiguiente, tales Confesores, el testimonio de cuyas vidas tenían la fama de santidad, comenzaron a entrar en los papeles de canonizados.

Este cultus (veneración religiosa) era generalmente de una diócesis singular, pero según la fama de la persona se propagaba podía abarcar varias diócesis, y en el caso de María, los apóstoles y otras figuras significantes es ciertamente universal. Aunque los registros de los primeros Concilios de la Iglesia muestran intervenciones ocasionales para corregir abusos en el nombramiento de los santos y para establecer criterios para su aclamación, el proceso continuó siendo un proceso local con algunos ejemplos de Papas declarando santos de veneración universal.

El primer proceso parece ser el del Papa Urbano II (1089-1099), en la "Causa" de Nicolás de Trani. Se le ordenó al obispo de Trani que condujera una investigación local sobre su supuesta santidad y milagros, que entonces se sometería al Papa para ser juzgada. Esta primera "Causa" se extendió sobre varios pontificados, y parece que no fue concluida favorablemente. También parece haber ocasionado avances en los procedimientos legales en sí, Callistus II (1119-1124) requiriendo que todas las causas incluyeran una biografía crítica del Siervo de Dios. Como ocurre de vez en cuando en la Iglesia, los abusos trajeron mayores elaboraciones en la práctica Eclesial. En 1170 el Papa Alejandro III decretó que nadie podía ser declarado santo sin el permiso del Sumo Pontífice. Esto fue declarado por causa de la aclamación de santo de un "mártir" suizo que fue asesinado mientras estaba borracho, y por consiguiente no se podía decir que era un testimonio de Cristo. Esta regulación fue formalmente incorporada en la ley de la Iglesia por el Papa Gregorio IX en 1234.

La centralización del proceso de canonización en Roma fue un avance inevitable de la Tradición canónica y teológica de la Iglesia. Mientras que la aclamación de los fieles y la aceptación del obispo es, en la mayoría de los casos, un testimonio adecuado de la santidad de la persona, sólo provee una certeza moral, una credibilidad razonable, que la persona está en el Cielo. Para dar testimonio universal de la santidad de alguien se necesitaba suscitar un criterio más alto, uno digno del carisma y de la infalibilidad de la Iglesia. De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, el Cristo Místico, no puede errar en materia de fe y moral (Jn. 16, 13). El ejecución practica de esta infalibilidad recae sobre la oficina apostólica, quien en el nombre y por la autoridad de Cristo la Cabeza de la Iglesia recurre a unir a los fieles en cuanto a cuestiones de fe o de moral. Esto puede hacerse ya sea por el colegio de obispos en su totalidad, como Consejo (Hch. 15,28), o por el Sucesor de San Pedro (Lc. 22, 32, Hch. 15, 7-12). Por la gracia del Espíritu Santo, Cristo protege tales juicios de suma importancia para la Iglesia del error. Históricamente, la opinión común de los teólogos es, por lo tanto, que la Canonización papal es un ejercicio del carisma de la infalibilidad que protege a la Iglesia de elevar a un individuo no apto para la veneración universal de los fieles. Como en el caso de una declaración dogmática, la declaración de un santo introduce a esa persona en el corazón de la vida de la Iglesia, por ende en el misterio central de la fe, la Eucaristía, y debe ser por su naturaleza libre de error.

Causa para Beatificación/Causa para Canonización

De acuerdo a un axioma teológico antiguo la gracia se construye sobre la naturaleza. Por esta razón la Iglesia es muy cuidadosa en agotar los medios humanos y razonables de determinar la santidad de una persona antes de contar con los medios sobrenaturales. Como fue notado anteriormente el proceso de la canonización papal desarrolló rápidamente procedimientos que eran seguidos en la diócesis y en Roma, tal como la recolección de evidencia, declaraciones de testigos y los biografía crítica escrita. Para el siglo catorce dos procesos regulares tuvieron lugar, la Causa de Beatificación y la Causa para la Canonización. La primera, después de haberse concluido exitosamente, permitía algún tipo de veneración de los Beatificados por parte de los fieles, en su diócesis, por una orden religiosa o por una nación. La segunda permitía la veneración universal del Santo por la Iglesia. El paso concluyente de cada uno era conducido por medio de un juicio, con lados a favor y en contra. La oficina del Promotor de la Fe o el Defensor del Diablo, quien discutía en contra del Siervo de Dios, data de esta época.

Estos Procesos han sido revisados y refinados varias veces a través de los siglos, incluyendo dos recientes, bajo el Papa Pablo VI en 1969 y bajo el Papa Juan Pablo II en 1983. Incluido en la reforma del Papa Pablo estaban las consolidaciones de los procesos en una sola Causa para Canonización. Notable en aquellos del Juan Pablo II fue la eliminación del Defensor del Diablo, como también otros cambios en los procedimientos.

Qué significa ser beato

Hasta el día de la beatificación de un Servidor de Dios los católicos deben observar las estrictas reglas del non-cultus, es decir, que se puede rezar a este individuo que creemos que está en los cielos y venerarle de una forma privada, no pública. Por ende, la regla por la cual la Causa del Padre Pío ha sido tan insistente- de ninguna exposición de sus retratos en lugares de adoración, ningún himno para él y ninguna oración pública rezada a él- está de acuerdo con las normas estrictas de la Iglesia en cuanto a estas cuestiones. Es más, la presencia del cultus antes de la aprobación por parte de la Iglesia puede terminar la candidatura de un Siervo de Dios.

Con la Beatificación un cierto número de marcas de veneración pueden darse a una persona. La más importante es la de un día festivo, con su Misa y oficio (Liturgia de la Horas), puede ser otorgada a una diócesis en particular y a órdenes y congregaciones religiosas. Por ejemplo, Beata Takeri Tekawitha, el Lirio de los Mohawks, es celebrada en los almanaques litúrgicos de los Estados Unidos y Canadá. En los Estados Unidos y Méjico hay un día festivo para el Beato Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Por analogía, este privilegio es algo parecido a la práctica de la canonización episcopal en las edades tempranas de la historia de la Iglesia, con la excepción de que un obispo manifiesta a Roma el deseo de su feligresía a venerar a un Beato y Roma accede a tal veneración local. En el caso de Padre Pío lo más seguro es que los Capuchinos Franciscanos, una o más diócesis italianas, y aún países enteros, pedirán a la Santa Sede para añadir su día festivo a los almanaques particulares. Como murió el 23 de septiembre, es probable que esta fecha sea la asignada a él, ya que no presenta conflicto con el calendario universal de la Iglesia.

Con la beatificación vendrá el derecho restringido a venerar las reliquias de Padre Pío, a rezarle públicamente y para honrar sus imágenes en lugares de adoración. Esta veneración es restringida ya que es la veneración de una parte de la Iglesia solamente y no de toda, ya carece de la resolución de la canonización.

jueves, 28 de abril de 2011

JUAN PABLO II

Su Vida

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

Oración para implorar favores por intercesión del Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II

Oh Trinidad Santa,
Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.
Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.
Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.
Amén.

DOMINGO DE PASCUA

Importancia de la fiesta

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios.

Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.

La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

¿Cómo se celebra el Domingo de Pascua? 

Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes.
En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.

En algunos países, se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.
La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.

A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.

La tradición de los “huevos de Pascua”

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua, de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

Leyenda del “conejo de Pascua”
Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, esto dio orígen también a una curiosa leyenda que cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.

El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía preguntándose quien sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas.

Así pasó mucho rato, viéndolo; pasó todo un día y toda una noche, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca!

El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes porque Jesús había resucitado.

Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría y así lo hizo.

Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres.

Sugerencias para vivir la fiesta
  • Contemplar los lugares donde Cristo se apareció después de Su Resurrección

  • Dibujar en una cartulina a Jesús resucitado



  • Adornar y rellenar cascarones de huevo y regalarlos a los vecinos y amigos explicándoles el significado.



  • jueves, 21 de abril de 2011

    VIERNES SANTO

    ¿Qué se celebra el Viernes Santo? 

    Volvemos a vivir con Jesús su Pasión: la aprehensión, interrogatorios, flagelación, coronación de espinas y la crucifixión.
    Este día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: su aprehensión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión.
    En aquel entonces, la crucifixión era la ejecución más cruel y degradante que se conocía. Un ciudadano romano no podía ser crucificado. La muerte sobrevenía después de una larga agonía.

    Jesús en la cruz, con un sufrimiento físico y moral muy grande, fue capaz de perdonar a los que lo ofendieron. 

    Las “siete palabras" de Jesús son el testamento que nos deja al morir y emprender su partida al Padre: 

    • Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
    • En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
    • Mujer ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre.
    • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    • ¡Tengo sed!
    • Todo está cumplido.
    • Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

    Desde la cruz, Jesús nos termina de dar su mensaje de amor y salvación dejándonos a su Madre y enseñándonos a perseverar hasta el final. El sacrificio de la cruz se vuelve a vivir en cada Eucaristía, por medio de ella, Jesús sigue vivo y permanece con nosotros.
    El Viernes Santo lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Celebración de la Pasión del Señor en la que se hace la adoración de la cruz.


    JUEVES SANTO PARA NIÑOS

    Jueves Santo

    Objetivo: Que los niños lleguen a descubrir que Jesús se quiso quedar para siempre con nosotros y lo hace por medio de su Cuerpo y Sangre.
    Comenzamos el encuentro escribiendo en una pizarra los elementos que se necesitan para poder comer en CASA y los elementos que se necesitan para poder comer la Cena del Señor en la IGLESIA. De ambos elementos les hacemos a los niños la explicación que viene a continuación.

    Relato

    El Jueves Santo al celebrar la cena del Señor, en la Eucaristía, se nos presenta una comida especial que el Señor quiere dejarnos y en la que Él quiere quedarse con nosotros. Se queda en algo cercano a nosotros y de todos los días, en una comida. Veamos:
    En nuestra Casa cuando comemos tenemos lo mismo que en la Iglesia cuando estamos en la Misa.
    CasaIglesia
    MesaAltar
    MantelMantel
    IndividualCorporal
    PlatoPatena
    ServilletasPurificador
    VasoCáliz
    Tapa del vasoPalia
    Refresco en botella o jarra de AguaVinajeras con el vino y el agua
    ComidaHostia
    LuzVelas
    Nos lavamos las manosLavabo
    ComemosComunión
    Se recoge todo de la mesaTambién en el altar
    Cuando asistimos a Misa tenemos como en la casa, una mesa, que en la Iglesia la llamamos altar que está cubierta con un mantel. En casa ponemos sobre la mesa un cuadrito de plástico o de cartón que le llamamos individual el cual en la Misa recibe el nombre de corporal (porque sobre el se pondrá el cuerpo y la sangre de Cristo).
    Sobre el individual ponemos el plato hondo si es comida con caldo y plato llano si la comida es seca ó sin caldo. En la Misa ponemos sobre el corporal la patena (o plato de la Misa) que llevará como comida el cuerpo de Cristo que es la hostia. Para el refresco usamos un vaso, en la Misa es el Cáliz, pero no se le pone refresco sino el vino que se convertirá en la sangre de Cristo y que lleva unas gotas de agua, que representa nuestra humanidad que se une a la divinidad; para que no le vaya a caer alguna mosca tapamos el vaso, en la Misa la tapa se llama Palia que sirve para proteger a la Sangre del Señor.
    Tenemos también una especie de servilleta, en la Misa recibe el nombre de purificador que únicamente es utilizado para limpiar los vasos sagrados. En casa el refresco lo ponemos en una jarra o en botella, mientras que en la Misa usamos dos botellitas que reciben el nombre de vinajeras, una lleva el agua y la otra el vino.
    Teniendo preparada la comida nos lavamos las manos para comer, en la Misa el sacerdote también se lava las manos como signo de purificación y los que van a comulgar antes han lavado su alma con la confesión.
    En casa necesitamos de luz o foco para ver lo que comemos, en la Misa tenemos las velas o veladoras que significan la presencia de Cristo; luego nos disponemos a comer, en la Misa es pasar a comulgar el alimento más importante paro todos los hombres: el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Habiendo recibido al Señor en la comunión damos gracias al Señor con una oración.
    Si queda comida en la casa esta se guarda para cenar o para el día siguiente, en la Iglesia la comida que es el Cuerpo de Cristo se guarda en el sagrario para poder servir de alimento a las personas que no pudieron asistir por estar enfermas.
    Así como al terminar la comida se lavan las cosas y se guardan, así en la Misa al limpiar las cosas que sirvieron para la consagración del Cuerpo y la Sangre le llamamos purificador.
    Jesús cuando celebró la Última Cena le dejó una recomendación a sus Apóstoles, que siguen realizando sus sacerdotes, que las veces que hagamos esta comida la hagamos en memoria suya. Si en la comida alimentamos nuestro cuerpo para crecer sanos y fuertes, en la Misa alimentamos nuestra alma con el cuerpo de Cristo para ser cristianos sanos y fuertes que actuemos bien, nos portemos bien y sobre todo vivamos en Jesús y como Jesús. Que estemos dispuestos a servir a nuestros hermanos como Él nos lo enseñó con su ejemplo al lavarles los pies a sus Apóstoles.

    Dinámica

    Dividirlos en grupos de trabajo. Leer el siguiente texto: 1 Cor. 11, 23-26. De acuerdo con el relato anterior, contestar las siguientes preguntas:
    1. ¿Qué hizo Jesús?
    2. ¿Cuándo lo hizo?
    3. ¿Por qué lo hizo?
    En el grupo se da una motivación a vivir mejor la Eucaristía como una comida de fiesta, donde expresamos nuestro amor.

    Celebrar

    1. Representarles a los niños la Última Cena, como la relata el Evangelio de San Juan Jn. 13, 1-15.
    2. En grupos, cada uno de los niños responde las siguientes preguntas: ¿Qué voy a hacer para servir como Jesús sirvió? ¿A quién voy a servir? ¿Cómo le diría a Jesús que sea mi amigo?
    3. En su grupo, cada uno dice en voz alta la frase que le dirá a Jesús para que sea su amigo.
    4. El catequista coordinador del grupo dice: Para ser amigos de Jesús, es importante abrir nuestro corazón y recibirlo en la Eucaristía, por eso es importante estar preparados confesándonos antes y también servir a nuestros hermanos como Jesús lo hizo.

    Compromiso

    Invitar a los niños que ya hicieron su primera comunión y a otros niños que ellos conozcan, a que se confiesen y vengan a la Misa de la Cena del Señor, participando de la comunión.


    miércoles, 20 de abril de 2011

    EUCARISTIA

    La Santa Misa
    Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el sacrificio de su muerte en la cruz. Por esto, antes de comenzar su pasión, reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía, convirtiendo pan y vino en su mismo cuerpo vivo, y se lo dio a comer; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.
    Así la Santa Misa es la renovación del sacrificio reconciliador del Señor Jesús. Además de ser una obligación grave asistir a la Santa Misa los domingos y feriados religiosos de precepto -a menos que se esté impedido por una causa grave-, es también un acto de amor que debe brotar naturalmente de cada cristiano, como respuesta agradecida ante el inmenso don que significa que Dios se haga presente en la Eucaristía.

    ¿Qué es la Eucaristía?
    Es el sacramento del cuerpo y la sangre de Jesucristo bajo las especies de pan y vino. Por medio de la consagración, el sacerdote convierte realmente en su cuerpo y sangre el pan y vino ofrecido en el altar.
    ¿Qué es la Santa Misa?

    Es la renovación sacramental del sacrificio de la cruz.
    ¿La Santa Misa es el mismo sacrificio de la Cruz?

    Si, la Santa Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, pero sin derramamiento de sangre, pues ahora Jesucristo se encuentra en estado glorioso.
    ¿Quién puede celebrar la Santa Misa?

    Solamente los sacerdotes pueden celebrar la Santa Misa, pues solo ellos pueden actuar personificando a Cristo, cabeza de la Iglesia.
    ¿Cuáles son los fines por los que se ofrece la Santa Misa?

    Los fines por los que se ofrece la Santa Misa son cuatro: adorar a Dios, agradecerles sus beneficios con pedirle dones y gracias, y satisfacer por nuestros pecados.

    La Santa Comunión
    La Eucaristía es también banquete sagrado, en el que recibimos a Jesucristo como alimento de nuestras almas.
    La Comunión es recibir a Jesucristo sacramentado en la Eucaristía; de manera que, al comulgar, entra en nosotros mismos Jesucristo vivo, verdadero Dios y verdadero hombre, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
    La Eucaristía es la fuente y cumbre de la vida de la iglesia, y también lo es de nuestra vida en Dios. La Iglesia manda comulgar al menos una vez al año, en estado de gracia; recomienda vivamente la comunión frecuente y, si es posible, siempre que se asista a la Santa Misa, para que la participación en al sacrificio de Jesús sea completa.
    Es muy importante recibir la Primera Comunión cuando se llega al uso de razón, con la debida preparación.

    ¿Qué es la Santa Comunión?
    La Sagrada Comunión es recibir al mismo Jesucristo presente en la Eucaristía.

    ¿De qué modo está presente Jesucristo en la Eucaristía?
    Jesucristo está en la Eucaristía verdadera, real y sustancialmente presente, todo entero, vivo y glorioso, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo cada una de especies y bajo cualquier parte de ellas.

    ¿La Hostia consagrada es una "cosa"?
    No, la Hostia consagrada no es una "cosa", aunque lo parezca; es una Persona Divina, es Jesús vivo y verdadero.

    ¿Quién puede comulgar?
    Puede comulgar el que está gracia de Dios, guarda el ayuno eucarístico y sabe a quién va a recibir.

    ¿En qué consiste el ayuno eucarístico?
    Consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y de las medicinas. Los enfermos y sus asistentes pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.

    ¿Cuándo se debe recibir la primera comunión?
    Se debe recibir cuando se comienza a tener uso de razón, lo cual se supone a partir de los siete años; habiendo recibido previamente la preparación oportuna y el sacramento de la penitencia.

    ¿Qué pecado comete el que comulga en pecado mortal?
    El que comulga en pecado mortal comete un grave pecado llamado sacrilegio.

    ¿Qué debe hacer el que desea comulgar y se encuentra en pecado mortal?
    El que desea comulgar y se encuentra en pecado mortal no puede recibir la Comunión sin haber acudido antes al sacramento de la Penitencia, pues para comulgar no basta el acto de contrición.

    JUEVES SANTO

    Este día nos recuerda la Última Cena del Señor con sus discípulos para celebrar la Pascua, que para los judíos representaba la conmemoración de la liberación de Egipto. Siguiendo la costumbre, Pedro y Juan siguieron las disposiciones de Jesús y cuidaron que todo estuviera correctamente dispuesto para la cena.

    La preparación que nosotros debemos realizar es de carácter espiritual, Jesús nos invita al banquete pascual y desea que, al igual que los apóstoles, estemos debidamente dispuestos para participar intensamente en el sacrificio de la Misa, acudir al sacramento de la penitencia y recibir la Sagrada comunión, pues nosotros también somos discípulos. 

    El jueves por la mañana se celebra la Misa Crismal en las catedrales, llamada así porque en ella se hace la consagración de los óleos que han de usarse para los sacramentos del bautismo, confirmación u ordenación, mismo que puede usarse para la unción de los enfermos.

    El obispo es quien encabeza la ceremonia acompañado de los sacerdotes de todas las parroquias que pertenecen a su diócesis y los representantes religiosos de la localidad, además de los diáconos, ministros y seglares, todos ellos representando la unidad y fraternidad de la Iglesia. 

    La celebración Crismal se concentra en el sacerdocio ministerial. De los sacerdotes depende en gran parte la vida sobrenatural de los fieles, solamente ellos pueden hacer presente a Jesucristo sobre el altar convirtiendo el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo y perdonar los pecados. Aunque éstas son las dos funciones principales del ministerio sacerdotal, su misión no se agota ahí: administra también los otros sacramentos, predica la palabra divina, dirige espiritualmente, etc.

    También se hace alusión a sacerdocio común de todos los fieles, ya que participan de alguna manera del sacerdocio de Cristo y de la misión única de la Iglesia; todos están llamados a la santidad; todos deben buscar la gloria de Dios y trabajar en el apostolado, dando con su vida testimonio de la fe que profesan. 

    Después del evangelio y la homilía, el obispo invita a sus sacerdotes a renovar su compromiso ministerial, prometiendo unión y fidelidad a Cristo, celebrar el santo sacrifico en Su nombre y enseñar a los fieles el camino de la salvación.

    Propiamente, el triduo pascual comienza con la misa vespertina de la cena del Señor, donde se conmemora la institución de la Eucaristía. A diferencia de la misa crismal, esta celebración se realiza en las parroquias y en las casas religiosas.

    El lavatorio de los pies forma parte de la ceremonia, el Maestro asume la condición de siervo, para eso, para servir, dejando muy en claro a sus discípulos que la humildad es indispensable para ejercer plenamente el ministerio recibido de sus manos. Servir antes que desear ser servido, no es una condición exclusiva para los sacerdotes, es la doctrina que todos los fieles deben llevar a la práctica. 

    La Eucaristía es el centro de nuestra vida espiritual, sabemos que Jesús está real y verdaderamente presente con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad bajo las especies del pan y del vino. Así lo dijo a los apóstoles con las palabras de consagración que ahora repiten los sacerdotes en la Santa Misa, este es mi cuerpo..., esta es mi sangre..., hagan esto en memoria mía. 

    Por eso, nosotros sabemos que al visitar el sagrario nos disponemos al encuentro personal, frente a frente con el mismo Cristo, que siempre nos espera dispuesto a escuchar nuestras alegrías, penas, planes, propósitos, todo.

    Nuestro propósito de este día y para siempre, puede ser el de prepararnos cada día para recibir mejor la Sagrada Eucaristía, asistir con mayor disposición a la Santa Misa para aprender las enseñanzas de Cristo, o tal vez, visitar con más frecuencia el sagrario aunque sea un minuto. Son muchas las devociones eucarísticas, vivirlas y fomentarlas, es la mejor manera de tratar al Señor, de hacer crecer nuestro amor por 

    Él y de llevar a otros hasta su presencia.


    viernes, 1 de abril de 2011

    DIBUJOS DE SEMANA SANTA II








    DIBUJOS DE SEMANA SANTA I




    EL VÍA CRUCIS

    CONOZCAMOS NUESTRA FE
    CATÓLICA

    (52)


    El Vía Crucis
    - El Vía Crucis es una manera de recordar la Pasión de Jesús y de acompañarlo en los sufrimientos que tuvo camino al Calvario. Se divide en 14 ESTACIONES que narran la pasión desde que Jesús es condenado a muerte hasta que es colocado en el sepulcro.
    - Escucha con atención, medita con respeto y en silencio cada una de las estaciones.

    INICIO : Padre Santo, mira con bondad a quienes junTo con Jesús, nuestro Salvador, nos disponemos
    a recorrer, paso a paso, el camino de la cruz.
    Al iniciar cada estación se dice:
    + El que Preside: 
    ¨ Te adoramos o Cristo y te bendecimos¨.
    + Todos: 
    ¨Que por tu santa cruz redimiste al mundo¨.
    Al terminar cada estación todos rezan :
    Un Padre Nuestro, Una Ave Maria y un Gloria mientras se avanza a la siguiente estación.



    Primera estación


    JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
    Un viernes, cuando llegó la Hora, unos hombres se llevaron a Jesús, con las manos atadas, hasta el palacio de Poncio Pilato, que era el gobernador, para acusarlo con mentiras. Querían que lo condenara a muerte. Pilato se lavó las manos y se los entregó para crucificarlo.
    Oremos: Jesús, Tú eres muy bueno con todos, pero los hombres te condenamos a morir en la cruz. También ahora, en muchos lugares, hay personas buenas e inocentes, que son conde-nadas injustamente a las cárceles.
    Jesús mío, te pido por ellos; yo te prometo decir siempre la verdad y no juzgar mal a nadie.



    Segunda estación


    JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZLos soldados, después de azotarlo y golpearlo, después de escupirlo y burlarse de Él, le pu-sieron una corona de espinas en su cabeza, lo cargaron con una dura y pesada cruz para que la llevara hasta el monte Calvario. Jesús cargó sobre sus hombros el peso de todos nuestros pecados.
    Oremos: Jesús mío, cada uno tenemos una cruz en la vida (un problema, una enfermedad, un dolor), ayúdame a llevar la mía con dignidad, con fortaleza, con serenidad y alegría, sabiendo que esa es la voluntad de Dios.



    Tercera estación


    JESÚS CAE POR PRIMERA VEZEl monte Calvario, donde iban a crucificar a Jesús estaba fuera de la ciudad de Jerusalén.
    La cruz que le hicieron cargar estaba muy pesada, por eso Jesús se cayó varias veces. La primera vez, la cruz le cayó encima y se golpeó su cara y sus manos contra las piedras del suelo.
    Oremos: Jesús, yo pienso que sufriste mucho al caer bajo el peso de la cruz.
    Cada vez que peco, pesa más esa cruz para ti, Señor. No permitas que caiga en las tentaciones y te ofenda. Perdóname Jesús.
    Cuarta estación



    JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADREEn el camino hacia el monte Calvario, Jesús se encuentra a su Madre. Ella sufría muchísimo al ver que a su Hijo lo llevaban cargando una cruz tan pesada; va caminando muy herido, de-rramando sangre de su cuerpo. La Virgen destrozada, con solo la mirada le dice: ¡Hijo mío, cuánto te amo, siempre estoy contigo!
    Oremos: ¡ Madre mía, que enorme es tu dolor al ver a tu hijo así. Te pido por todas las mamás, que sufren por sus hijos; consuélalas y dales fortaleza !
    Yo trataré de ser siempre un hijo respetuoso y servicial con mis padres.



    Quinta estación


    EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZJesús, que estaba muy cansado y herido, no podía caminar más con la cruz. Ningún hombre se atrevía a ayudarlo..., entonces los soldados obligaron a Simón de Cirene para que ayudara a Jesús con la pesada cruz.
    Oremos: Jesús Tú siempre quieres ayudar a todos y nos invitas a ayudar, a los demás, no por la fuerza sino con amor; así nos enseñaste Tú.
    Quiero aprender de ti, ayudando a todos como mejor pueda y aceptar con humildad la ayuda que me ofrecen mis hermanos y compañeros.



    Sexta estación


    LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚSUna mujer del pueblo, al ver la cara de Jesús maltratada, con sangre, desfigurada por los golpes, se acercó a Jesús y con amor y cuidado le limpió y refrescó su cara.
    Él la miró con agradecimiento, dejándole impreso su rostro, más en su corazón, que en la tela que usó para limpiarle la cara.
    Oremos: Señor, con ese gran amor que se acercó a ti la Verónica, con ese amor quiero yo también acercarme a las personas heridas, enfermas, ancianas... Que te vea a ti mi Cristo, en cada persona que sufre.



    Séptima estación


    JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

    Jesús se sentía cada vez más débil por los golpes que le daban y por la sangre que iba de-rramando. Ya no podía más y volvió a caer golpeándose de nuevo la cara, rodillas y manos, pero levantándose con mucho dolor y trabajo siguió su camino.
    Oremos : Mi Jesús, hay veces que yo también me siento débil y vuelvo a caer. No importa cuántas veces caiga, ayúdame a levantarme siempre igual que Tú, para poder seguir adelante en mi camino hacia ti.



    Octava estación


    JESÚS CONSUELA A LAS SANTAS MUJERES

    Por el camino hacia el Calvario estaban unas mujeres, que al ver pasar a Jesús, se pusieron a llorar gritando. Jesús les dijo: ¨Mujeres, no lloren por Mí, lloren por ustedes y sus hijos.¨
    Oremos: Jesús, maestro bueno, en esta estación Tú me enseñas que primero debo corregir mis defectos, antes que fijarme en los de mis hermanos y compañeros. De hoy en adelante, trataré de respetar a todos, reconociendo lo bueno que tienen; procuraré también corregir mis propias faltas, defectos, errores y egoismos.




    Novena estación


    JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

    Jesús no tiene más fuerzas, sus piernas ya no
    lo sostienen y cae por tercera vez. Pero Él sabe
    que tiene y quiere llegar hasta el final de su misión. Por eso se levanta y sigue.
    Oremos: Jesús, Tú tenías clara tu meta: salvarnos. Y no importaron los sufrimientos, los dolores las dificultades. Ayúdame a que del mismo modo, yo en mi vida tenga clara mi meta: salvarme y que me levante de todos los obstáculos que encuentre.



    Dècima estación


    JESÙS,DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

    Cuando Jesús llegó al lugar llamado Gólgota donde lo iban a crucificar, los soldados le quitaron su ropa, haciéndole sangrar más las heridas.
    después lo clavaron en la cruz y los soldados se rifaron su túnica.
    Oremos: Jesús, naciste pobre en un pesebre y ahora terminas tu vida totalmente pobre también porque te dejaron sin ropas. Jesús amigo mío, ayúdame a sufrir con paciencia cuando me falten las cosas que me gustan.



    Décimo Primera estación


    JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

    Los soldados acostaron a Jesús en la cruz y le clavaron sus manos y sus pies; después lo levantaron... Jesús quedó colgando en la cruz.
    Y mientras agonizaba oraba por todos los hombres diciendo: ¨Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen¨.
    Oremos: Maestro bueno, mira lo que te hemos hecho los hombres. Perdónanos Señor. Quiero aprender como Tú a perdonar y a amar siempre a los que me hagan daño o me ofendan.



    Décimo Segunda estación


    JESÚS MUERE EN LA CRUZ

    La Virgen Maria estaba al pie de la cruz, y junto a ella el discípulo Juan, a quien Jesús quería mucho. Jesús volvió su mirada amorosa a su Madre y le dijo: ¨Mujer, ahí tienes a tu hijo¨, luego dijo a Juan: ¨Ahí tienes a tu Madre¨. Al final exclamó: ¨Todo està cumplido¨. Y reclinando la cabeza, murió.
    Oremos: Gracias Señor, gracias por dar tu vida por nosotros. Gracias por entregarnos también a tu propia Madre, para que sea también madre nuestra. Ayúdame a conocerla, amarla y encomendarme a ella siempre.



    Décimo Tercera estación


    JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

    Unos amigos de Jesús llamados José de Arimatea y Nicodemo, lo bajaron de la cruz y se lo entregaron a Maria su Madre. Ella lo recibió en sus brazos; lloraba, lo besaba con mucho amor, nadie podìa consolarla... su Hijo estaba muerto.
    Oremos: Santa Maria Madre de Dios, tal vez entonces no comprendiste bien la manera en la que sucedieron las cosas, sin embargo, siempre confiaste y aceptaste la voluntad de Dios. Ayúdame a aceptar siempre la voluntad de Dios en mi vida aunque a veces no la comprenda.



    Décimo Cuarta estación


    JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO

    Los amigos de Jesús pidieron permiso a Pilato para hacerse cargo del cuerpo de Jesús.¨Ellos lo envolvieron en una sábana y lo depositaron en un sepulcro nuevo¨. Así sucedió y al tercer día Jesús resucitó y muchos lo volvieron a ver.
    Oremos: Jesús mío, abriste para nosotros las puertas del paraíso. Gracias a tu muerte y resurrección podremos vivir toda la eternidad en el cielo con Dios. ¡Gracias por tu infinito amor!



    CONCLUSIÓN :

    Que tu bendición, Señor, descienda con abundancia sobre esta familia tuya que ha conmemorado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección. Venga sobre ella tu perdón, tu consuelo, acrecienta su fe y guíala hasta su salvación eterna. Por Cristo nuestro Señor. Amén. Señor este vía crucis es un modo de decirte: Gracias por morir por mí en la cruz para salvarme, te amo y quiero estar cerca de ti en tu sufrimiento.