lunes, 31 de enero de 2011

PEDAGOGIA PASTORAL

¿Qué entendemos por pedagogía pastoral?

En el texto Civilización del amor, Tarea y Esperanza[2] se señala que la pedagogía hay que entenderla como “relación que se establece entre educador y educando” y por ello se “expresa en una forma de comunicación, de comportamientos y de actitudes que se dan en el contexto de un espacio y un tiempo determinados” 

Evidentemente esta definición nos hace ver que hay una conciencia de que la práctica pedagógica ocurre o depende del encuentro y la intencionalidad del educador, en este caso del acompañante, del asesor y de otro lado el hecho que la relación se basa en el sentido de la relación, para nuestro caso en el sentido evangelizador y en el testimonio, en la actitud del sujeto.

Esta concepción de pedagogía nos lleva a entender que la práctica pedagógica que se desarrolla en el acto de acompañar un proceso formativo dentro de la pastoral se entiende como un acto de evangelización.

La inspiración en la formulación de la práctica pedagógica parte de la intuición que así como Jesús congregó y formó a sus apóstoles en un camino, y a la vez los primeros cristianos intentaron vivir una experiencia comunitaria intensa al estilo de las enseñanzas de Jesús distinguiéndose del común por su testimonio, por su manera de ser y hacer: Una pedagogía al estilo de Jesús.

Esta pedagogía pastoral apunta a que en el proceso existe alguien que acompaña y otro que es acompañado, pero que no existe solo como persona, si no dentro de una comunidad, es más está llamado a vivir su fe en comunidad. Entonces el proceso que propone se dirige a animar la dinámica de personalización del mensaje, como a que éste se incorpore en una dinámica comunitaria, parte de un proceso formativo que alimenta la vida misma del sujeto en todas sus dimensiones.

Por último podemos decir que esta práctica requiere de una mirada optimista del joven, una mirada de fe, acogedora y por supuesto de una Iglesia que esté dispuesta a animar la dinámica juvenil y a asumir la comprensión de sus procesos de cambio, y recibir la novedad de sus aportes y cuestionamientos[3].

¿Comprendemos el sentido de la pedagogía pastoral?

Sin duda que los jóvenes cuando están en procesos serios, donde la parroquia o diócesis o movimiento se responsabiliza del desarrollo de la vida comunitaria y provee los acompañantes para ello, responden y exigen procesos de calidad, aumenta el sentido testimonial y se perciben como comunidad evangelizadora. Los indicadores de este proceso están esencialmente ligados a la presencia de dirigentes, asesores, establecimiento de comunidades vivas, compromisos con perspectiva social, crecimiento de personas que van incorporando en sus experiencias personales de vida y en sus desenvolvimientos cotidianos ciertos valores, método y perspectiva que los lleva a insertarse en espacios de actuación donde se hacen responsables de los demás.

La renovación de los asesores en la pastoral juvenil no ha ido de la mano con la responsabilidad de formarlos en un enfoque que permita priorizar la vocación, la acogida, la práctica, la actitud antes que el discurso o que toda relación pasaba por la aceptación del joven de los contenidos o las formas que se le proponían y no entender que la vida comunitaria siempre es un proceso de construcción personal, sin él difícilmente el anuncio será algo que la recoja el corazón del joven, animado por sus espíritu, su búsqueda de identidad y necesidad de tener una palabra sobre su futuro, también sobre su fe.

La dificultad de ver y asumir con claridad la necesidad de una vida comunitaria centrada en los procesos de acompañamiento formativos que llevan al joven a sumir la novedad de su propia convivencia, han hecho que muchos responsables eclesiales desvaloricen la vida comunitaria, esto ha dado pie al surgimiento de expresiones o grupos que han optado por los encuentros “de conversión” como herramienta de respuesta a las expectativas de los jóvenes. Ciertamente que en el mundo juvenil el encuentro entre otros y con otros, la afectividad, las emociones, son siempre un componente que anima al joven a integrarse alrededor de una propuesta, pero, ello también exige mayores elementos de acompañamiento, eso mismo exige prácticas pedagógicas nuevas.

Una tercera cuestión que ha contribuido a mi juicio, a la dificultad para la comprensión de los procesos de acompañamiento y sobre todo a que está parta desde una pedagogía pastoral, es el poco ejercicio de una metodología comunitaria de discernimiento, que a su vez requiere que el asesor o animador la haya practicado y sepa ponerla en práctica. Un indicador de esta dificultad es la tremenda demanda por recursos, estrategias que hacen los dirigentes y asesores al demandar la formación.

Podemos entender también que estas tres cuestiones propuestas como dificultades son tales desde la perspectiva de la gestión pastoral, pero que están contextualizadas en los cambios que se experimentan a nivel de la sociedad actual.
[1] Actualmente director del Instituto de Pastoral y Desarrollo Juvenil Mayo 2007
[2] Civilización del Amor, Tarea y Esperanza, fue editado por la Sección de Juventudes del CELAM para servir de marco de referencia de la Pastoral Juvenil Latinoamericana, texto que recoge justamente las orientaciones que se han ido construyendo en diversos espacios de delgados de la pastoral juvenil en estos últimos 20 años.
[3] De esto ya nos habla el documento de Medellín (1967), donde se reconoce el aporte necesario de la Juventud a la Iglesia, para que ésta sea siempre joven y fuente de esperanza para América Latina

lunes, 24 de enero de 2011

DIOS NOS LLAMA A SER CATEQUISTAS II

Dios nos llama a ser catequistas
 
Antes de iniciar la reflexión de este artículo
Intenta recordar la manera en que Dios te llamó a ser catequista ¿Cuándo fue? ¿Cómo? ¿De qué se valió Dios para irrumpir en tu vida y llamarte?
¿Te acuerdas de personas que supieron transmitirte la Palabra de Dios en tu vida? ¿Quiénes te enseñaron las cosas de Dios, aún sin tener un título de catequista, pero viviendo la misión de un catequista?
Busca en la Palabra de Dios los siguientes textos. Observa en ellos cómo llama Dios y cómo responden las personas.
  • Abraham         -    Gén. 12, 1-5
  • Moisés            -    Ex. 3, 1-4, 17
  • María               -    Lc. 1, 26-38
  • Discípulos       -    Mc. 1, 16-20
¿Encuentras elementos en común con tu vida? ¿Descubres nuevas maneras de llamado que pueden ayudarte a pensar si Dios te sigue llamando hoy?
Cuando compartimos nuestras experiencias de vida como catequistas, cuando somos capaces de revisar nuestra vocación y descubrir la forma en que Dios nos ha llamado a cada uno... y meditamos nuestra vida a la luz de la Palabra siempre viva de la Biblia, aprendemos como:
Dios utiliza distintos medios para llamarnos:
  • nos llama a través de personas
  • nos llama a través de situaciones de la vida
  • nos llama a través de señales o signos
Sentir el llamado de Dios, darse cuenta que Dios llama
  • Dios pasa por la vida de todos los días, hay que estar atento para escucharlo.
  • Tener la capacidad de descubrir la presencia de Dios.
  • Lo cotidiano, la vida de siempre, ése es el lugar que Dios elige para revelarse, para correr el velo y descubrirnos que está pasando por ahí.
La vocación es un proceso (tiene etapas, tiene momentos, se va viviendo)
  • El llamado de Dios es progresivo, nuestra vida es una historia de sucesivos llamados.
  • Hay que aprender a mirar la vida con otros ojos para encontrar las huellas de Dios en nuestro caminar.
  • La vocación es camino, más que puerta de entrada, y se hace camino al andar...
  • Todos recibimos dones para que podamos vivir nuestra vocación
  • Dios no nos deja solos, su garantía es que Él está junto a nosotros.
  • Todos hemos recibido mucho, hay que descubrir que recibió cada uno, para ponerlo al servicio de los demás (parábola de los talentos).
  • Dios nos llama constantemente, también nos va mostrando nuevos dones que no sabíamos que teníamos.
A veces nos cuesta vivir la vocación (dudas, miedos, incertidumbres)
  • El llamado de Dios siempre es un desafío, un cuestionamiento, un compromiso…
  • Decir sí al Señor compromete la vida.
  • Las dudas, miedos e incertidumbres son parte del camino, nos ayudan a seguir buscando, nos recuerdan que nunca podremos encontrarlo todo, nos descubren nuestra esencia vital de peregrinos...
Leer la Biblia, la Palabra de Dios, nos ayuda a descubrir nuestra vocación
  • Cuando leemos la Palabra encontramos ejemplos de personas que vivieron llamados parecidos a los nuestros.
  • Sus vidas nos muestran que es posible responder al Señor e iniciar un camino de compromiso
  • Sus experiencias también nos hablan de un lento descubrir que quiere Dios de nosotros y un camino de respuesta que pasa por la vida y no por decir, de palabra, «Señor, Señor...» (la respuesta se da con la vida).
Nuestra respuesta al llamado de Dios es servir y ayudar con disposición y alegría
  • Dios llama para dar una misión, un compromiso, una tarea en bien de los demás.
  • La respuesta es estar disponible a la misión que El nos vaya mostrando.
  • La alegría en el servicio es signo de que nuestra entrega es sincera y fecunda.
Transmitir el mensaje de Dios y el amor de El
Dios nos llama para ser instrumentos de su mensaje y para colaborar con Él en la construcción de su Reino para mostrar con nuestro testimonio (porque a las palabras... se las lleva el viento) que nos ama y quiere que vivamos su amor construyendo la fraternidad real (porque nadie ama a Dios a quien no ve sino ama a su hermano al que ve).
Para trabajar en grupos
Dios nos llama a ser catequistas
Para reflexionar con la Palabra y la vida
  • Trabajar en pequeños grupos con las preguntas y textos que aparecen al principio del artículo.
  • Si se pueden formar cuatro grupos, repartir un texto para cada uno.
  • Comentar con el grupo qué conocemos del personaje bíblico del texto.
  • Hacer una lista de características de cómo Dios llama y cómo es la respuesta de cada persona ante ese llamado.
Para la puesta en común
  • Escribir en un afiche, en dos columnas, las características que observamos del llamado y respuesta en el texto bíblico.
  • Escribir entre todos una oración que relacione el texto leído con la experiencia de catequista de los integrantes del grupo.
Plenario
  • ¿Qué encontramos en común con nuestras vidas?
  • Compartir las oraciones.

EN LA HUELLA DEL BUEN PASTOR

En la huella del buen pastor

La figura de buen Pastor con la cual Jesús se identifica puede ayudarnos a descubrir rasgos poco explorados de nuestra vocación catequística.
Para un pueblo acostumbrado a la vida rural, como era el israelita, la imagen del pastor se asociaba fácilmente a una serie de tareas, rutinas, preocupaciones y cuidados propios de su oficio. La cotidianeidad del ejemplo que señalaba Jesús permitía reconocer de inmediato las situaciones que la comparación sugería.
Andando por el campo he tenido la suerte de poder contemplar pastores cuidando sus ovejas u otros animales... la reflexión de la Biblia conjugada con la vida va enseñando y descubriendo el gran tesoro de esta comparación que Jesús utiliza darse a conocer. Creo que como catequistas tenemos mucho que andar en la huella del Buen Pastor.
El Buen Pastor, Jn. 10, 1-42
Es bueno leer el capítulo entero, pues a las palabras de Jesús, Juan opone la reacción de los judíos.
1) Ir leyendo el evangelio y anotar las actitudes de buen pastor que Jesús propone.
2) Para cada actitud recordar situaciones de la vida de Jesús donde podamos apreciar cómo la vivió él de manera concreta.
3) Relacionar cada actitud con nuestra práctica de catequistas, ¿cómo incorporar a nuestro ser catequista esta manera de ser de Jesús?
Te presentamos algunas actitudes para ir pensando
• El buen Pastor conoce sus ovejas
¿Conocemos la vida de nuestros catequizandos? ¿Compartimos sus alegrías, sus angustias, sus esperanzas, sus desalientos? ¿Sabemos lo que están viviendo las familias que tenemos a cargo? ¿Nos interesamos por sus situaciones de vida?
• Las llama por su nombre
¿Tenemos un trato personal con nuestros catequizandos? ¿Buscamos llegar a su interioridad? ¿Somos portavoces para que el Señor llame a cada uno por su nombre a través nuestro?
• Camina al frente de sus ovejas
¿Damos testimonio de lo que enseñamos? ¿Intentamos vivir lo que creemos? ¿Somos los primeros en cumplir lo que pedimos a los demás que cumplan? ¿Vivimos en forma coherente como para ir al frente y de frente?
• Da la vida
¿Entregamos lo mejor de nosotros por los demás? ¿Buscamos donar los talentos que recibimos de Dios para beneficio de los otros?
• Sus obras lo dan a conocer
¿Nuestras obras, nuestros gestos, nuestras actitudes de vida muestran a los demás lo que creemos y enseñamos? ¿Somos transparentes: los demás descubren y encuentran al Dios de la Vida a través de nuestra práctica?
¿Nuestra manera de estar con los demás... refleja y testimonia nuestra cercanía a Dios?
Para trabajar en grupos
Ser catequista, buen pastor - Salmo 23
Para reflexionar:
  • Leer en silencio el salmo.
  • Elegir una frase y repetirla en voz alta
  • Comentar con el grupo por qué elegiste esa frase.
  •   A partir del salmo descubrir nuevas actitudes y características del catequista.
Para la puesta en común:
  • Sintetizar en un dibujo las características descubiertas
  • Escribir entre todo el salmo como si hubiera sido  escrito en nuestro tiempo, usando imágenes, situaciones y palabras de nuestra cultura.

martes, 18 de enero de 2011

DISCIPULOS Y MISIONEROS

“DISCIPULOS Y MISIONEROS
ESCUCHA, APRENDE Y ANUNCIA”

La Iglesia nació del discipulado, convocado por el Maestro. Fueron discípulos que iban con Él, le amaban y aprendían en la convivencia diaria, en los recorridos de pueblo en pueblo, en las conversaciones y preguntas, enseñándoles con explicaciones sacadas de la vida y de las Escrituras de Israel (Mc 4, 34). Encomendó al Espíritu Santo llevarles a la verdad plena y explicarles el futuro (Jn16, 13), "Tengo muchas cosas que deciros todavía, pero ahora no podéis con ello" (Jn 16, 12).
Posteriormente, el Espíritu realiza lo mismo con Pedro y Pablo al anunciar a Jesús y crear la Iglesia como fruto de la misión (Hech 11,11-14; 13,2; 16,7).


Misión y misionero vienen de una palabra latina: mittere, que significa enviar. Los cristianos por ser de Cristo somos misioneros, es decir, enviados. San Pablo, al dirigir la palabra a los exponentes de su pueblo, que querían lincharlo, confesaba: “El Señor Jesús me dijo: Márchate de Jerusalén. Yo te enviaré lejos de aquí, a las naciones paganas” (Hch 22, 21).
Jesús mismo se definía como “Aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo” (Jn 10,36).
La misión es la puesta en marcha del plan de Dios. Es la realización de lo que Dios ha planificado desde toda la eternidad. En efecto, como excelente arquitecto, Dios ha elaborado minuciosamente sus planos y ha dado pasos concretos para realizarlos. Entre las acciones divinas enfatizamos tres:

·         La creación
·         La encarnación del Hijo de Dios y la Redención
·         Pentecostés: la venida del Espíritu Santo

Misión es dar esta buena nueva: Dios nos
ama; este amor se ha manifestado en Cristo y se
nos comunica en el Espíritu Santo. Por lo tanto
somos hijos de Dios, integramos la gran familia
de los hijos de Dios.

“Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos míos en
todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo y enseñándoles
a guardar todo lo que Yo les he mandado” (Mt 28, 19-20).

El discípulo de Jesús

El discípulo de Jesús se incorpora a él y participa de su vida, manifestando, de muchos modos, la presencia de Jesucristo vivo en las diversas situaciones humanas.

El discípulo experimenta, de inmediato, que la vinculación íntima con Jesús, en el grupo de los suyos, es participación de la Vida, salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones, correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas.

El discípulo siempre, sigue adelan-
te, porque tiene que dar “razón de su
esperanza”  al  mundo  entero,  por
ello, sin descanso anuncia la Buena
Nueva.

Escucha, aprende y anuncia, son actitudes de espíritu evangélico grabadas por el Espíritu en el corazón de la comunidad de Jesús.

·         Escucha cuidadosa y amorosamente lo que oye, ve y siente de los hombres y mujeres concretos. Sobre todo su dolor, su amor y su silencio. En ellos está Dios, lo humano y la vida. Aprende grabando y guardando en el corazón lo que ha visto y oído.

·         Aprende con la memoria del pueblo y de la Humanidad, con la memoria de las maravillas de Dios, realizadas en la creación y en la salvación.

·         Anuncia, fiel y verazmente, lo que gratuitamente se le ha dado a vivir. Porque ha sido fecundada por el amor escuchado y aprendido. Anuncia vida, a modo de la semilla granada y entregada a la tierra.