REFLEXION PARA CATEQUISTAS II

Caminar con fe, esperanza y amor. Las tres piedras

Cuentan que el primer árabe que cruzó el desierto se encontró junto a una cueva con un anciano de aspecto venerable que le pregunto:
- Joven, ¿A dónde vas?
- Quiero cruzar el desierto.
El anciano quedó pensativo un momento y añadió.
- Deseas algo difícil. Para cruzar el desierto te harán falta tres cosas. Toma estas piedras. Este topacio es la fe, amarillo como las arenas del desierto, esta esmeralda es la esperanza, verde como las hojas de las palmeras, y este rubí, es la caridad, rojo como el sol de poniente. Anda siempre hacia el sur y encontrarás el oasis de Náscara, donde vivirás feliz. Pero no pierdas ninguna de las piedras, si no, no llegarás a tu destino.
El hombre se puso en camino y recorrió miles y miles de leguas a través de las dunas amarillentas sobre su camello.
Un día le asaltó una duda:
- ¿No me habrá engañado el anciano? ¿Y si no existiera el oasis que me prometió y el desierto no tuviera fin?.
Ya iba a volverse cuando notó que algo se le había caído sobre la arena. Era el topacio. El joven se bajó para cogerlo y pensó:
- No, no. Tengo que confiar en la promesa del anciano. Seguiré mi Camino.
Pasaron muchos días. El sol, el viento, el frío de la noche le iban agotando. Sus fuerzas desfallecían y ni una palmera ni una fuente se veían por el horizonte sin fin. Ya iba a dejarse caer del camello para aguardar la muerte bajo su sombra, cuando notó que se la caía algo al suelo. Era la esmeralda. El joven se bajo a recogerla y se dijo:
- Tengo que ser fuerte, tal vez, un poco más allá estará el oasis. Si no sigo, moriré sin remedio. Mientras tenga un soplo de vida seguiré.
Continuo el joven el camino, cuando encontró un pequeño charco de agua junto a una palmera. Ya iba a lanzarse sobre el charco, cuando vió los ojos de su camello suplicantes y tiernos como los de un hombre pidiendo, el agua. Pensó entonces que debería tener piedad del animal desfallecido, pues él, aún podía resistir, y dejó que bebiera aquellos pocos sorbos.
Cuál no sería su asombro cuando el camello cayó muerto a sus pies. El agua estaba corrompida. En el suelo notó el joven que brillaba el rubí y lo recogió, dando gracias al cielo por haber recompensado su generosidad con el camello.
Al alzar la vista, vio a lo lejos unas palmeras. Era el oasis de Náscara. Al llegar, encontró junto a una limpia fuente, al anciano de la cueva que le sonrió alegremente.
- Has llegado a tu destino puesto que has conservado las tres piedras preciosas. La fe, la esperanza y la caridad. ¡Ay de ti si hubieras perdido alguna, hubieras perecido sin remedio!.
El anciano después de darle agua fresca y dátiles, se despidió del joven diciéndole:
- Guarda siempre durante tu vida, junto a tu corazón, el topacio, la esmeralda y el rubí. Así llegarás hasta el paraíso. Nunca los pierdas.

EXPERIENCIA HUMANA:

El hombre náufrago desde el nacimiento y errante en el desierto, tiene que hacer la gran travesía, el recorrido de su vida. Otros la han realizado antes que él, pero ahora no le acompañan. Aunque están en su origen y le esperan en su destino, el recorrido lo tiene que hacer él solo. No puede alejarse de su dama de compañía: La soledad.
- En ese recorrido le pesa la falta de confianza, siente la tentación del abandono y tiene tendencia a pensar sólo en él. Tres virtudes humanas vienen en su ayuda: la fe en lo que hace y en sí mismo, visión esperanzada del futuro en el que entronca su destino, y donación generosa como actitud vital.


Para el diálogo:
Quiero cruzar el desierto
- ¿En que se parece la vida de un hombre a la de quien quiere cruzar un desierto?.
- A veces duramos en la vida, pero no vivimos, porque no lo elegimos.
Poner ejemplos.
Deseas algo difícil
- Las metas difíciles estimulan al hombre ¿O no?
El joven se puso en camino y recorrió miles de leguas….
- ¿Cómo ha sido nuestro camino?
- ¿Cómo ha sido el camino de toda la humanidad?
Tengo que confiar en la promesa del anciano
- ¿En quién confía cada uno? ¿Y en qué?
- El anciano ya había llegado. ¿Cómo lo hizo y por qué?
Seguiré mi camino… mientras tenga un soplo de vida, seguiré.
- ¿En que situaciones hemos dicho lo mismo o nos gustaría decirlo?
Has llegado a tu destino, puesto que has conservado las tres piedras: la fe, la esperanza y la caridad.
- ¿Cómo ha conservado cada uno esas tres virtudes en cuanto a virtudes humanas?
Guarda esas tres piedras. Así llegarás al paraíso.
- Ha llegado al oasis, pero tiene que seguir caminando hasta el paraíso, aquel que estaba al principio y sólo encontraremos al final. ¿Que piedras lleva cada uno en ese camino.?

- PARA LA ACCION:
Reescribir la historia, siendo cada uno el protagonista. Señalar cuándo se nos ha caído y por qué cada piedra.

El joven se baja a recoger las piedras que se la van cayendo en vez de seguir adelante sin ellas. Recordar situaciones en que nos ha sucedido lo mismo o en que hemos abandonado las piedras.

Unir todo lo anterior a esta preciosa parábola que habla de compartir, de partir y repartir el pan, la vida y la esperanza.

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